Las mujeres de mi tiempo, sobre todo las jóvenes
-de quienes tanto se espera- viven una ironía. Todos los días se levantan para
ir a la universidad y al trabajo, salen a la calle, cogen bus, pagan sus
comidas en los restaurantes y sus entradas en el cine. Salen solas y bailan
solas.
Y a pesar de todo, apenas escuchan la palabra ‘feminismo’, es como si hubiera una explosión y todas corren bajo el son de ‘sálvese quien pueda.’ Tantas veces he oído expresiones como: ‘odio esa palabra’ o ‘trabajamos por las mujeres pero no somos feministas, ni machistas’, ‘no soy como esas feministas radicales insoportables’, ‘los hombres y mujeres siempre han sido y van a ser distintos, esa pelea no tiene sentido’.
Fuente: A. Perdomo
Cuando quieren, salen a votar, a marchar y se
postulan para ser elegidas por otros como sus representantes en la sociedad.
Pagan sus impuestos y construyen sus patrimonios. Deciden qué estudiar, con
quién casarse y si hacerlo o no, cuándo tener hijos, qué tipo de ciudadanas
quieren ser y qué tipo de sociedad quieren construir. Saben gritar cuando son
víctimas de la injusticia, saben a dónde acudir y esperan que la sociedad y la
ley las escuchen. Esperan más de los hombres, más de sus carreras, más de sus
trabajos, más de sí mismas. No se rinden, no se dejan opacar, luchan por lo que
se merecen y creen en la libertad.
Y a pesar de todo, apenas escuchan la palabra ‘feminismo’, es como si hubiera una explosión y todas corren bajo el son de ‘sálvese quien pueda.’ Tantas veces he oído expresiones como: ‘odio esa palabra’ o ‘trabajamos por las mujeres pero no somos feministas, ni machistas’, ‘no soy como esas feministas radicales insoportables’, ‘los hombres y mujeres siempre han sido y van a ser distintos, esa pelea no tiene sentido’.
Pero realmente, ¿cuántas de nosotras sabemos qué es
el feminismo y qué ha hecho por nosotras? ¿Por qué nos apresuramos en
asegurarnos de que nadie nos asocie con esta palabra? ¿Por qué cuando
presenciamos la injusticia o queremos reivindicar nuestro espacio o nuestra
libertad, tantas veces lo hacemos bajo el manto de la neutralidad?
Déjenme decirles, señoras y jóvenes de nuestro
tiempo, que cada vez que ustedes realizan una acción para reivindicar su
libertad, por pequeña que sea, están ejerciendo el feminismo. Cada vez que una
mujer dice ‘no quiero’, cada vez que clama justicia, cada vez que resiente la
diferencia que se hace en nuestra sociedad por haber nacido mujer, cada vez que
defiende su independencia, su carrera, su cuerpo y las decisiones que toma en
todos los ámbitos de su vida para sí misma, está ejerciendo el feminismo. Y no
solo eso, por más que queramos alejarnos del concepto, no es sino por el feminismo
que todos los días compartimos carpetas y oficina con los hombres en la
universidad y en el trabajo. Es gracias al feminismo que salimos a votar y
somos elegidas, que tomamos anticonceptivos, que escribimos y hablamos en los
medios. Que tenemos licencia de maternidad y leyes que nos protegen de la
violencia. Es gracias al feminismo que podemos tener propiedades, pedir
créditos y tener una nacionalidad. Que somos ciudadanas, independientemente de
nuestro estado civil, independientemente de quién es nuestro padre o quien es
nuestro esposo. Pueden estar seguras de que las libertades de las que gozamos
hoy como mujeres, dependieron de otras mujeres que salieron a las calles y al
ámbito público a poner su identidad y su cuerpo como blanco. De feministas que expusieron
su punto de vista so pena de ser estigmatizadas, para que hoy nosotras podamos
tomarnos esta libertad y este lujo superfluo de decidir si somos feministas o
no.
La feminista de hoy en día no se encuentra
solamente en la marcha o en el debate político. La feminista de hoy está en
cada madre que quiere las mismas oportunidades y posibilidades para su hija que
para su hijo, en la ejecutiva que quiere recibir el mismo sueldo que un hombre
para el mismo cargo, en la mujer que quiere ser evaluada según sus logros y
competencias y no según su apariencia, en la mujer que se pelea una curul en el
Congreso.
Entendiendo el feminismo de esta manera, bajándolo
a la cotidianidad de las mujeres, des-satanizándolo, podemos identificarnos
lentamente con los postulados de este movimiento, del que tanto se ha hablado y
al que tanto daño le han hecho las palabras irresponsables que no se han tomado
el trabajo de enterarse de qué se trata realmente.
El feminismo no es para políticas y académicas, es
para todas las mujeres en todos los ámbitos, quienes desde sus propias vidas
ven la necesidad de cambiar patrones sociales arraigados que son inequitativos,
excluyentes y discriminatorios. En una palabra, el feminismo es una idea de
libertad de las mujeres para las mujeres y podemos apropiarnos de sus
herramientas, acciones y recorridos para reconocernos más dignamente como
personas, como ciudadanas sujetas de derechos y como agentes de cambio en
nuestra sociedad.
Fuente: A. Perdomo

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