Ir al contenido principal

¿Por que las Mujeres Latinoamericanas no Denuncian a su Agresor?






32 de las 43 mujeres atendidas este año por violencia de género han sido inmigrantes, con este titular daba comienzo un artículo publicado (20 agosto 2009), en el Diario El Correo. El artículo continua diciendo que 15 eran de nacionalidad sudamericana (latinoamericanas) y que un número importante de de mujeres inmigrantes hacen uso del recurso de acogida en materia de violencia de género.

Las mujeres latinoamericanas no denuncia a su agresor, no por que los colectivos de inmigrantes tengan algún déficit de formación e información sobre este tema.

Las mujeres latinoamericanas no denuncia porque la mayoría de ellas, dependen económicamente, socialmente de sus maridos, y estos hacen uso de su posición de superioridad ante ellas. Por que estas mujeres se encuentran en situación irregular (no tienen el NIE – número de identidad del extranjero) o llegaron a España por un proceso de reagrupación familiar por lo tanto no tienen un permiso de trabajo, solo el de residencia.

Con esto ellas creen que las administraciones públicas son una amenaza más que una protección, tienen el temor a no ser creídas, cuando interponen denuncia contra su agresor y sobre todo que pueda afectar su proceso de regularización de la autorización de residencia. (Esta autorización está condicionada a la convivencia con su pareja)

Para no perder la autorización de residencia al separarse de su agresor, deben contar con una orden de protección judicial y ésta puede llegar en 48 horas o tardar varios meses. Además, la autorización de residencia independiente no va acompañada de un permiso de trabajo, con lo que carecen de autonomía. Se les exige que cuenten con un contrato de trabajo para obtener el permiso.

La mujeres victimas de estas agresiones, en general las inmigrantes, deberían recibir unas ayudas económicas mínimas para que puedan sobrevivir mientras consiguen la orden judicial de protección, el permiso de residencia y el permiso de trabajo.

El temor a denunciar a su agresor y emprender acciones legales, representa una carga emocional y traumática para sus vidas y a esto se suma el rechazo de familiares y amigos enfrentándose de esta manera a una situación de desarraigo, no se atreven a denunciar por el temor de expulsión de sus maridos o parejas y sienten que ellos son lo único que tienen y conocen.

Muchas de las que llegan a España – La Rioja vienen buscando mejoras para sus familias, son de todo extracto social y nivel cultural, vienen de familias en donde el dominio del hombre, el machismo ha imperado en sus vidas desde pequeñas, por que la denuncia por violencia de genero en sus países de origen no existe, tienen la creencia o la idea de que hay que soportar todo los maltratos por el bien de los hijos, pero no saben que esta idea errónea que tienen es totalmente negativa, porque los hijos al ver esta agresión, lo practicaran cuando lleguen a tener su pareja.

Las legislaciones de algunos países de Latinoamérica sobre el tema violencia de género presentan incoherencias que hacen que este delito no sean castigados debidamente o en la mayoría de los casos estos queden impunes. La mayoría de las legislaciones, por ejemplo, exigen que las mujeres se sometan a un examen médico para recibir un certificado que les permita probar la denuncia por violencia de género; sin embargo, debido a la dificultad inherente en interpretar las lesiones producidas por la violencia, muchos de estos médicos clasifican las lesiones (hematomas, rasguños, contusiones) como una lesión menor, en lugar de clasificarlas como un delito en su conjunto.

Ecuador, Colombia, Honduras y Guatemala han creado unidades especiales con mujeres policías como alternativa de respuesta al comportamiento hostil o indiferente de la policía masculina frente a las denuncias de violencia de género. La legislación Peruana insta a la reconciliación antes que a la acusación, y favorece las reuniones de mediación inclusive cuando la vida de la víctima está amenazada, lo cual implícitamente significa que las relaciones interpersonales violentas deben resolverse a través de una negociación en lugar de castigarlas.

Con todo esto las mujeres latinoamericanas, al no tener conocimiento de sus derechos como víctimas de violencia de género, consideran que los procesos para efectuar la denuncia contra su agresor son las mismas que las de su país de origen.

Las mujeres latinoamericanas, víctimas de violencia de género, desconocen que podrán obtener el permiso de residencia, sin depender de su conyugue cuando haya una orden de protección por violencia de género o cuando haya sentencia condenando al conyugue reagrupante.

En conclusión, el enfrentamiento al problema de la violencia contra la mujer latinoamericana, debiera comprender el ofrecimiento de garantías de acceso para las víctimas a los mecanismos de protección y justicia; la promoción de nuevas medidas contra la violencia de género; el mejoramiento de la capacidad de respuesta del sector sanitario para identificar, proteger y cuidar a las víctimas; la provisión a las víctimas de apoyo legal y psicológico, así como la protección personal y judicial necesarias para ayudarlas a presentar su caso ante la justicia; y, la creación de una cultura no-violenta mediante planes de educación y estrategias de concientización dirigidas tanto a hombres como a mujeres.

Esperemos que la formación sobre violencia de género dirigido a asociaciones de inmigrantes, entre otros; tal como lo indicara el plan de atención y prevención de la violencia de género en población extranjera inmigrante, cuyo objeto es de capacitarles en prevención, detección y acompañamiento a mujeres víctimas de violencia, pueda contribuir a la erradicación del maltrato contra la mujer, porque esto es también violencia de género.



Publicado en el Diario ”La Rioja” – 23 agosto 2009

Comentarios

Entradas populares de este blog

Violencia de género y las nuevas tecnologías entre los adolescentes.

Hablar en pleno 2015 de Violencia de género, debería provocarnos cuanto menos “preocupación” puesto que es un tema que deberíamos de haber casi erradicado desde la promulgación de la ley 26260 Ley de Protección Frente a la Violencia Familiar y la Ley Nº 29282 que modifica la Ley de Violencia Familiar, sobre todo mostrarnos preocupación por los índices de violencia de género, malos tratos entre los adolescentes. La violencia de género es “un tipo de violencia física o psicológica ejercida contra cualquier persona sobre la base de su sexo o género que impacta de manera negativa en su identidad y bienestar social, físico o psicológico”. Estos hechos, no son un problema que afecte solo al ámbito privado. Al contrario, se manifiesta como el símbolo más brutal de la desigualdad existente en nuestra sociedad. Se trata de una violencia que se dirige sobre las mujeres por el hecho mismo de serlo, por ser consideradas, por sus agresores, carentes de derecho mínimos de libertad, respeto...

Inmigrantes

Inmigración: Regular e Irregular El debate de la inmigración esta salpicado por un auténtico ejercicio de cinismo. Hablan de “buscar soluciones de fondo” La inmigración entra por avión, carretera, cayucos y pateras no son más que una parte muy minoritaria, aunque sea la mas dramática y sobrecogedora. Los inmigrantes seguirán llegando por mas muros, verjas y patrulleras que pongan. Los inmigrantes que trabajan en su mayoría en la construcción, servicio doméstico, agricultura o la hostelería trabajan en condiciones de miseria mientras los capitalista de turno hacen su acumulación o las acomodadas clases medias sustituyen con esa mano de obra inmigrante las guarderías o la atención de los mayores. Los inmigrantes, en general, sin distinción de nacionalidades, están sin papeles porque el proceso de regularización quedó en manos de los empresarios. Otros muchos no han podido renovar sus tarjetas de residencia por el mismo motivo. La amenaza de expulsión empuja a que muchos trabajadores inmi...

Yo ¿feminista?

Las mujeres de mi tiempo, sobre todo las jóvenes -de quienes tanto se espera- viven una ironía. Todos los días se levantan para ir a la universidad y al trabajo, salen a la calle, cogen bus, pagan sus comidas en los restaurantes y sus entradas en el cine. Salen solas y bailan solas.   Cuando quieren, salen a votar, a marchar y se postulan para ser elegidas por otros como sus representantes en la sociedad. Pagan sus impuestos y construyen sus patrimonios. Deciden qué estudiar, con quién casarse y si hacerlo o no, cuándo tener hijos, qué tipo de ciudadanas quieren ser y qué tipo de sociedad quieren construir. Saben gritar cuando son víctimas de la injusticia, saben a dónde acudir y esperan que la sociedad y la ley las escuchen. Esperan más de los hombres, más de sus carreras, más de sus trabajos, más de sí mismas. No se rinden, no se dejan opacar, luchan por lo que se merecen y creen en la libertad. Y a pesar de todo, apenas escuchan la palabra ‘feminismo’, es como si hubi...