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Conciliación entre vida familiar, personal y laboral

Muchas veces escuchamos decir “conciliación entre vida familiar, personal y laboral”, pero no escuchamos decir que es necesario avanzar hacia la conciliación con corresponsabilidad social, es decir, entre hombres y mujeres, así como también entre familias, Estado, mercado y sociedad en general.

Como resultado, la interacción entre la vida laboral y familiar, ha cambiado de manera decisiva, fomentando las desigualdades socioeconómicas y de género: quienes tienen más recursos disponen de un mayor acceso a servicios de apoyo y cuidados de calidad y, por ende, a mejores oportunidades de desarrollo.

No es posible enfrentar la exclusión social, la desigualdad y la pobreza si no se aborda al mismo tiempo y con la misma energía la sobrecarga de trabajo de las mujeres y la falta de oportunidades ocupacionales para ellas. En ese contexto, las mujeres efectivamente están accediendo a más empleos, pero no de mejor calidad, este fenómeno es más pronunciado entre las trabajadoras pertenecientes a hogares de menor nivel socioeconómico, las cuales se ven enfrentadas a una doble o triple discriminación por ser mujeres, por ser pobres y por ser inmigrantes.

Los cambios que han tenido lugar en la organización del trabajo y la producción han incrementado las tensiones entre vida laboral y familiar, hombres y mujeres se sienten más inseguros sobre sus posibilidades de proveer ingresos, tanto para sí mismos como para sus familias.

Hay razones de sobra para explicar ello: en los últimos veinte años, ha aumentado la rotación laboral y la intensidad del trabajo; ha disminuido la cobertura de la seguridad social y el control sobre el tiempo destinado al trabajo. La proporción de la fuerza laboral protegida por las leyes laborales también ha descendido, mientras aumentan los trabajos precarios, excluidos de los beneficios de un trabajo regular.

En el contexto de la crisis económica y financiera mundial, las mujeres pueden salir muy perjudicadas, se estima que podrían perderse 22 millones de empleos femeninos en el mundo.

La crisis puede amenazar los logros alcanzados y profundizar aún más las desigualdades de género.

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